Las observaciones del nivel del mar en Costa Rica, de las primeras en América Central, son el resultado de la permanencia de la princesa Carlota Inés de Prusia, en Barranca de Puntarenas, a partir del año 1937.
Las primeras observaciones sistemáticas científicamente controladas y procesadas de esta variable, sin embargo, son el resultado del emplazamiento en América Central de mareógrafos de pozo, por parte del “ U.S. Coast and Geodetic Survey” del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, durante los años cuarenta del siglo pasado. Estos mareógrafos, o más precisamente, estaciones mareográficas, registraban, además del nivel del mar, la temperatura superficial del agua, la densidad del agua, y algunas veces, en el mismo sitio, asimismo contaban con el registro de las principales variables atmosféricas, como la temperatura del aire, la precipitación, la radiación solar, la velocidad del viento y la presión barométrica. Todos estos registros se hacían de una manera mecánica y en forma analógica. Esta práctica se mantuvo hasta los años setentas, cuando los viejos mareógrafos, verdaderos caballos de batalla gracias a los que en algunas localidades centroamericanas se cuenta hoy en día con largas series de tiempo registradas, comenzaron a ser sustituidos por instrumentos automatizados, y, en lo particular, las tradicionales boyas o sensores mecánicos de nivel del mar, por sensores de presión. De igual forma, los viejos cilindros que sostenían el papel de registro fueron sustituidos por un dispositivo de registro más pequeño que perforaba una cinta de papel, para que finalmente un decodificador pusiera la información en forma digital. Con el paso del tiempo, las cintas perforadas de papel fueron sustituidas por “data loggers”, de mayor autonomía, que no requieren de decodificadores, siendo que además, en los últimos tiempos, el dato registrado es transmitido vía satélite a los diferentes sitios de acopio. Hoy en día es común contar en las estaciones con sensores acústicos, algunos de los cuales ni siquiera requieren del viejo pozo, indispensable antes como aislador de la señal de interés. En la imagen adjunta se pueden observar las tres generaciones de estaciones instaladas en puerto Quepos: el viejo sistema- de poleas- del que solo se logran ver los vestigios de su estructura; la estación automática que se mantuvo en operación en los años noventa y hasta inicios del presente siglo; y la estación de última generación con transmisión al satélite que opera actualmente en ese lugar.
Durante los años cuarentas y cincuentas, la oficina norteamericana antes citada, encargó a los institutos geográficos de América Central, el mantenimiento de las estaciones mareográficas y el envío periódico de información a Washington, siendo que en un primer momento, esa oficina era la única interesada y de facto responsable por el procesamiento de la información registrada. En los años setentas, además, con el cambio generacional en los mencionados institutos de Centroamérica, el interés por el mantenimiento de las estaciones en los sitios designados decayó grandemente; y, en consecuencia, la mayor parte de los mareógrafos fueron abandonados o desmantelados. Algunos, empero, por razones muy particulares, incluyendo la mística de individuos a cargo de ésos, se mantuvieron en operación; ése es el caso de Corinto, en Nicaragua, Acajutla, en El Salvador, Quepos, en Costa Rica y Cristóbal- luego Coco Solo-, en Panamá. Con el advenimiento de la nueva tecnología, éstos viejos mareógrafos- de los que sobrevive únicamente el de Acajutla- debieron de ser sustituidos por sistemas modernos, y es así como RONMAC no solo ha servido para concretar un propósito de reacción a los potenciales desastres costeros en la región, sino también, para llenar este vacío instrumental e informativo, producto del deterioro y la falta de mantenimiento de los viejos equipos oportunamente emplazados a mitad del siglo pasado.
El día de hoy, como anotado, debido a la colaboración del gobierno de los Estados Unidos y al interés de otras fuentes de financiamiento por completar esta red centroamericana, se cuenta con estaciones marino-meteorológicas en Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. En cada uno de estos países existe un instituto o entidad a cargo de su mantenimiento y operación.